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la música

Sebastián Rojas | Valgur

Agua, metal y una banda que respira al mismo ritmo.

Por Fabiola Ruíz

Sebastián Rojas construye paisajes sonoros donde lo sintético y lo orgánico conviven con una naturalidad que solo termina de revelarse en vivo.

El día 13 de junio fui al concierto de Sebastián Rojas dentro del espacio de Iglesia Primitiva. un pequeño recinto rodeado de una estructura metálica y vibra alternativa pero extrañamente acogedora. Le abrió una banda de sonidos experimentales cuyo nombre le quedaba absurdamente bien: Sonido primitivo, que sirvió como calentamiento perfecto para el show principal.

Creo que hay algo muy poético en la comunión que hay entre el recito, el acto abridor y el show principal. Iglesia Primitiva, un lugar que no conocía antes de este concierto, un espacio íntimo muy DIY lleno de camaradería que sirvió como casa para la música que escuchamos esa noche. Y Sonido primitivo era justo eso, ruido experimental que nos recuerda lo primigenio de la música, que preparó el oído. El conjunto construyó un terreno fértil para acercar al público al mundo musical de Sebastián.

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Sebastián Rojas | Valgur

en La Ezena

Entonces inicia el acto principal, con Sebastián rodeado de una banda completa: saxofón, percusiones, bajo, sintetizadores y un par de instrumentos varios tocados por él que variaban de acuerdo a la canción, como trompeta, pandero y teclado. Y Sebastián Rojas comienza a pintar, canción a canción, ese paisaje vivo.

Hay algo en los sonidos de este artista que me parecen particularmente atractivos, melodías que desprenden un aura luminosa y líquida. Y su puesta en escena, tener a la banda completa llenando los oídos del público, trasformó la experiencia en una escucha llena de textura, pasión y vibración. Sebastián Rojas construye una experiencia sonora que mezcla una balada nocturna, synths brumosos y una voz masculina que suena frágil, contenida y elegante con letras cargadas de un romanticismo raro.

En La Orilla es un álbum que representa el proyecto de manera extraordinaria. El álbum tiene sonidos sintéticos pero profundamente orgánicos que inevitablemente me transportan a un escenario tropical y nocturno. Los acordes me recuerdan a gotas cayendo, como una gota chocando sobre una superficie metálica casi industrial. La tensión que genera el sonido de los sintetizadores y todos estos sonidos de instrumentos armoniosos me traen a la mente una imagen de agua, engranes y sombras. El color que tiene el proyecto, un rojo quemado muy parecido a la portada del álbum, me parece tan vibrante que es imposible no querer escuchar más.

Es quizá Máquina la canción en la que siento el clímax de esta tensión entre lo etéreo, orgánico y líquido en contraste con lo sintético, oscuro y casi metálico en la composición del proyecto. Hay algo en los sonidos que dan cuerpo a la canción que me recuerda a campanadas pesadas, dos metales chocando generando un sonido rico y robusto. Pero al mismo tiempo hay una lluvia ligera cubriendo el resto de silencio. Probablemente lo que encuentro más interesante de la música de Sebastián Rojas es esa materialidad que me transmite el sonido, rápidamente me transporta a un escenario nocturno, mirar el mar solamente iluminado por una luna brillante, un paisaje nocturno cargado de luz.

Ciertamente creo que es de esos proyectos musicales que requieren sentarse a escuchar track tras track para poder adentrarse al paisaje completo. No creo que sea un proyecto para todo mundo, los motivos en las canciones de Sebastián Rojas pueden llegar a sentirse algo repetitivos a ratos. Y creo que este proyecto exige dejarse llevar más por la atmósfera que por cualquier otra cosa. Pero a mí me parece que hay algo muy valioso y bello en la experimentación y en el juego que hay detrás de su música.

Sin duda verlo en vivo fue algo que enriqueció muchísimo la experiencia, la camaradería que tiene con los músicos que lo acompañan y la pasión de transpira cuando está en el escenario es una experiencia hipnotizante. En La Orilla es un álbum que te llena la cabeza, invade tu oído y te obliga a cerrar los ojos para apreciar todos los matices.

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Sebastián Rojas | Valgur

Sebastián Rojas | Valgur

El pasado 26 de junio fui a escuchar a Valgur en vivo. Tras la artista de abrió la noche, el dúo oaxaqueño sube al escenario con capuchas negras, un libro sagrado en mano y blandiendo una espada. Entre el calor de la gente y las luces moradas que apenas iluminaban el escenario, Elizabeth y Hugo Valdivieso dieron inaugurada la ceremonia que nos reunía a todos en la planta alta de Bar Anestesia. Valgur transpira teatralidad y presencia.

Las primeras veces que escuché a la banda pensé que sus canciones me sonaban como si Mecano tuviera un concierto en la frikiplaza. Y, aunque nunca lo dije como un chiste, entre más escucho su música más sentido me hace para resumir la propuesta estética del dúo. Valgur toma el dramatismo sintético del pop ochentero y lo re empaqueta en una estética brillosa, otaku, gótica y de cultura pop mexicana. El sonido de los hermanos originarios de Juchitán, engolosado por sintetizadores, ruido digital juguetón y una voz suave muy melodiosa combina armoniosamente con esas letras ácidas.

El imaginar a Valgur en la frikiplaza no es gratuito, creo que algo que hace la banda de manera muy interesante es amalgamar videojuegos, anime, estética gótica casi medieval y una voz femenina y delicada que canta esos coros pegadizos y esas letras muy visuales y melodramáticas que hablan del Apocalipsis, máscaras, muñecas y obsesiones.

Valgur no es un despliegue de exceso pop recalcitrante, no empalaga. La estética tan clara que tienen no es un disfraz ni solo puesta en escena. Creo que por eso me recuerda a un caramelo con toque picoso, no solo porque la influencia mexicana es innegable sino porque Valgur tiene el equilibrio perfecto que hace que quieras seguir escuchando.

Valgur llena el escenario con creces. Entre lo claro de su propuesta, las pequeñas coreografías, pero sobretodo la gran química que tienen los hermanos sobre el escenario y la voz encantadora de Elizabeth, no es difícil quedar encantado por la energía aún cuando no seas el fan más acérrimo.

Nunca he sido particularmente fan del pop, pero Valgur tiene algo magnético que me resulta irresistible. Escuchar Armaggedon, su segundo álbum, me llena de una necesidad electrizante de bailar, usar rosa y plateado. Valgur me hace imposible no sonreír mientras recuerdo una época en donde todo era más sencillo, veía caricaturas y montaba coreografías con mis amigas saliendo de la escuela.

la ezena

Sebastián Rojas | Valgur

Por Fabiola Ruíz

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